¿Qué entendemos por "nosotros"?
La pregunta por el “nosotros” permite ilustrar una tensión importante al interior del liberalismo y sirve para entender su actual momento de crisis.
Para un análisis exhaustivo, debemos primero revisar la diferencia entre el ideal de “nosotros” que propone el liberalismo y aquel que podemos encontrar en doctrinas colectivistas. Para el colectivismo, el "nosotros” es esencialmente un sinónimo de “todos”, el cual a su vez, en sectores de derecha se remite a la nación (“nosotros somos chilenos”), mientras que en corrientes progresistas se expande a un “todos” universal (“nosotros exigimos igualdad para todos”). Como hemos argumentado en otras ocasiones, el enfoque colectivista atenta contra la dignidad del individuo y tiende a imponer una uniformidad y un paternalismo que nos parecen del todo rechazables.
El liberalismo, en cambio, apunta a un “nosotros” comunitario, y propone que el estado debe evitar ejercer control sobre éste, de manera que las comunidades queden enteramente en las manos de la sociedad civil. Como veremos a continuación, este ideal liberal de un “nosotros” desconectado del estado, donde el vínculo entre individuo y comunidad sea enteramente opcional, eventualmente termina siendo una quimera.
En su libro ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?, Patrick Deneen sugiere que cuando el individuo se libera de las obligaciones que le impone su comunidad, esas obligaciones no desaparecen, sino que se transforman y se trasladan a instituciones distantes. Las personas se alienan de sus comunidades y comienzan a desarrollar una fuerte dependencia del estado central. En otras palabras, sin importar qué tan sólida sea la sociedad civil, carece de las herramientas necesarias para defender a sus comunidades del avance inexorable del estado.
Si bien las soluciones que Deneen propone en sus libros y entrevistas son profundamente iliberales, su diagnóstico es correcto y describe con claridad el problema que hoy tiene al liberalismo en tela de juicio. Frente a este problema —el de la fragilidad de la sociedad civil ante el poder del estado central—, el liberal suele adoptar una de dos posturas: la tecnocracia o el libertarismo.
El tecnócrata plantea que mantener al estado bajo control implica diseñar incentivos virtuosos, abogar por una administración impecable de las instituciones públicas y educar a la población para que sepan elegir a los líderes “correctos”. Así, en lugar de ver al individuo como un fin en sí mismo, el tecnócrata transita hacia una integración entre libertades individuales y paternalismo estatal, cuya expresión más clara en Chile se encuentra en “el gobierno de los mejores” de Sebastián Piñera. Para sorpresa de nadie, “los mejores” también se equivocan y en algún momento son reemplazados por administradores menos diestros, de manera que, de una u otra forma, el estado siempre consigue escapar a nuestros intentos por limitarlo.
El libertario, por otra parte, reconoce que la existencia de un estado central poderoso es siempre una amenaza para la sociedad civil, por lo que la única opción admisible es reducir el tamaño del estado a un mínimo, despojándolo de toda incidencia en el funcionamiento de la sociedad. Las versiones más atrevidas de esta doctrina —por ejemplo la de Ayn Rand— proponen extinguir completamente la noción del “nosotros” en favor de un individualismo directamente egoísta.
Así, mientras el liberal tecnócrata peca de optimismo al pretender contener al estado central, el libertario opta por aniquilarlo, incluso si ello implica también mermar o disolver las comunidades.
Urge entonces buscar una estrategia alternativa para rescatar ese “nosotros” comunitario. Una estrategia de descentralización que se rebele frente al ímpetu uniformador del colectivismo y que a su vez permita a las comunidades preservar las atribuciones que el individualismo liberal busca suprimir. En pocas palabras, el liberalismo debe reformarse y adoptar elementos del espíritu conservador. Al fin y al cabo, si “nosotros” no podemos definir nuestras propias reglas, difícilmente seguiremos siendo “nosotros” por mucho tiempo.


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